Ama la geografía, no la ciudad
La naturaleza se descubre, se investiga, se ama. Y el urbanismo nos hace añorarla. Así resume Reclus en este pequeño opúsculo:
"Allí donde el suelo se ha deteriorado, allí donde toda poesía ha desaparecido del paisaje, las imaginaciones se apagan, los espíritus se empobrecen, la rutina y el servilismo se apoderan de las almas y las disponen al sopor y a la muerte. Entre las causas que en la historia de la humanidad ya han hecho desaparecer tantas civilizaciones sucesivas, habría que contar en primera línea con la brutal violencia con la que la mayoría de las naciones trataban a la madre tierra. Talaban los bosques, dejaban empobrecerse los manantiales y desbordarse los ríos, deterioraban los entornos, rodeaban las ciudades de zonas pantanosas y pestilentes; después, cuando la naturaleza, por ellos profanada, se les volvía hostil, la odiaban y, sin poder renovarse como el salvaje en la vida de …
La naturaleza se descubre, se investiga, se ama. Y el urbanismo nos hace añorarla. Así resume Reclus en este pequeño opúsculo:
"Allí donde el suelo se ha deteriorado, allí donde toda poesía ha desaparecido del paisaje, las imaginaciones se apagan, los espíritus se empobrecen, la rutina y el servilismo se apoderan de las almas y las disponen al sopor y a la muerte. Entre las causas que en la historia de la humanidad ya han hecho desaparecer tantas civilizaciones sucesivas, habría que contar en primera línea con la brutal violencia con la que la mayoría de las naciones trataban a la madre tierra. Talaban los bosques, dejaban empobrecerse los manantiales y desbordarse los ríos, deterioraban los entornos, rodeaban las ciudades de zonas pantanosas y pestilentes; después, cuando la naturaleza, por ellos profanada, se les volvía hostil, la odiaban y, sin poder renovarse como el salvaje en la vida de los bosques, se dejaban cada vez más embrutecer por el despotismo de los sacerdotes y reyes".