Después de algunos años de ausencia, Pablo Klein vuelve a la ciudad de provincias donde ha pasado su infancia para ejercer como profesor de alemán en el Instituto. Allí entabla relación con distintas personas de la ciudad, fundamentalmente jóvenes, y con las alumnas del Instituto, sobre todo con Natalia. La rutina, el conservadurismo, la hipocresía de la vida cotidiana de la posguerra, analizadas a través de las ocupaciones cotidianas de este grupo de jóvenes, de sus angustias, del aburrimiento y de la falta de imaginación, son reflejo de la realidad de una juventud sin ilusión.
Un libro costumbrista, sobre la España de posguerra, como otros que se escribieron en aquella época. Pero a la vez no como otros, porque aquí destacan los personajes femeninos, son protagonistas. No me ha gustado el personaje del profesor de alemán, un poco frío y despersonalizado.
La literatura de la España franquista me fascina porque hizo de la necesidad virtud. Su obligada tibieza en cuanto al mensaje crítico se percibe hoy como elegante sutileza, un juego de decir y no decir, un reto para el lector a la hora de identificar esos dardos. Me imagino que no fue plato de gusto tener que escribir bajo esas condiciones, pero hoy en día, en la era en la que parece necesario subrayar diez veces en rojo el mensaje con el que quieres trascender, es un estilo que yo personalmente agradezco.
La novela es magnífica y, aunque tiene un tema ya bastante gastado a través de los años (ciudad de provincias con personajes aplastados por las costumbres nacional-católicas), se lee con mucho agrado. Me venía siempre a la cabeza la película Calle Mayor, de Bardem.
Me ha gustado que tiene tres puntos de vista formales en cuanto …
La literatura de la España franquista me fascina porque hizo de la necesidad virtud. Su obligada tibieza en cuanto al mensaje crítico se percibe hoy como elegante sutileza, un juego de decir y no decir, un reto para el lector a la hora de identificar esos dardos. Me imagino que no fue plato de gusto tener que escribir bajo esas condiciones, pero hoy en día, en la era en la que parece necesario subrayar diez veces en rojo el mensaje con el que quieres trascender, es un estilo que yo personalmente agradezco.
La novela es magnífica y, aunque tiene un tema ya bastante gastado a través de los años (ciudad de provincias con personajes aplastados por las costumbres nacional-católicas), se lee con mucho agrado. Me venía siempre a la cabeza la película Calle Mayor, de Bardem.
Me ha gustado que tiene tres puntos de vista formales en cuanto a la narración (narradora omnisciente, el de Natalia y el de Pablo). El tercio final de la novela desencadena una mayor carga dramática en el momento oportuno, porque hay un breve periodo en el que todo parece demasiado aburrido y plano.
La autora demuestra en todo momento sensibilidad y hondura, me quedo con ganas de leer algo más de ella. Seguro que lo haré.
Sibilino alegato feminista en el que se evidencia que en aquel tiempo el hombre podía ser dueño de su destino. El protagonista habla en 1ª persona y analiza a los personajes provincianos como un entomólogo. Mientras, las mujeres - corales, colectivas, esencialmente sociales - carecen de voz propia. Están a merced de las convenciones, de los acontecimientos, de los no-acontecimientos, del qué dirán.