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Hans Magnus Enzensberger: Política y delito (Español language, 2006, Anagrama)

El acto político original coincide, según Freud, con el primer crimen: los hijos se rebelan …

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Ensayos que tienen en común la relación entre el gobierno de un país, o de una ciudad, con el comportamiento criminal: Trujillo en la República Dominicana, Al Capone en Chicago, la Camorra... luego meten un par de textos sobre los terroristas revolucionarios rusos del XIX, y, a modo de prólogo y epílogo, artículos sobre nuestra atracción por el mal y sobre la traición; a mi entender, el criterio ha sido "sigue añadiendo artículos hasta llegar a las 300 páginas, niño".

La parte narrativa es ágil y entretenida, aunque nos cuenta poco de nuevo (difícil profundizar en ensayos de 50 páginas como mucho). La parte de análisis me gusta mucho menos: no me parece que fundamente bien sus afirmaciones, se contradice (Al Capone puede ser capitalista o feudal, las dos cosas a la vez no), extrae consecuencias un tanto alegremente (¿tiran una bomba de mano porque se hacía en Sicilia a principios del XIX? ¿no lo habían visto hacer en ningún otro tiempo ni lugar?). La conclusión, que los gángsters modernos (década de 1950) son gente gris a quien nadie mitificará, yerra tanto como todo el análisis.

Sobre la Camorra: empezamos bien, en el siglo XVIII en Nápoles no había virrey, sino rey. Me cabrea muchísimo eso de que “los mafiosos hablan el lenguaje del pueblo, son respetados” cuando sabemos que es un puro reinado del terror. Es lo que pasa cuando se ve desde un sofá alemán, sin haber hablado ni una sola vez con las víctimas, y sin perder demasiado el tiempo en documentarse o en hurgar un poco. Es muy posible que en la década de los 50 se supiera mucho menos que ahora sobre las víctimas del crimen organizado (ahora tenemos a Roberto Saviano, antes no lo sé), pero se supone que es tarea del ensayista hacerse preguntas, pasar un punto más allá del tópico insufrible de "los italianos son asín".

Los ensayos restantes, un largo proceso judicial/periodístico sobre el asesinato de una chica cerca de Roma, y el terrorismo ruso, los leo casi por compromiso. Descubro que el traductor (cuyo nombre no aparece en el libro, mala señal) hace un poco lo que le da la gana, no sólo al poner los nombres rusos como haría un alemán (Wera, por el amor de Júpiter) sino con frases que se contradicen a sí mismas.