"Quizás el segundo peor crimen del mundo sea el aburrimiento. El primero es ser aburrido."
- Cecil Beaton
#cita #quote #SoyUnCriminal
#cita
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"He who thinks he's bigger than the rest must go to the cemetery. There he will see what life really is... a handful of dust"
https://www.themoviedb.org/movie/8284-the-limits-of-control
#Cine #Film #Cita #Quote 👀
"He who thinks he's bigger than the rest must go to the cemetery. There he will see what life really is... a handful of dust"
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Os acordáis de esa #cita que me daban para JUNIO con otorrino (8 meses después) porque básicamente no respiro de una fosa nasal por un pólipo?
Pues bien, #reclamación a atención al #paciente mediante me la han adelantado ahora, a finales de ENERO.
De verdad, pongamos muuuuchas más reclamaciones. Ya no por nosotros, sino porque se den cuenta de que no les vamos a permitir que se carguen la #sanidad pública.
Los carcomidos estados crujen en sus arboladuras.
Toda la etapa humana está en pie, es el momento en que se desmoronan las viejas imposturas.
Un aire épico llena los huracanes:
A rebato, a rebato en el viento suena.
Si un poder cualquiera pudiera hacer algo, ese hubiese sido la Comuna, compuesta por hombres inteligentes, con valor, de una increíble honradez, y todos, desde la víspera o desde largo tiempo atrás, dieron indiscutibles pruebas de abnegación y energía. El poder, incontestablemente les aniquiló, no dejándoles más que la voluntad implacable del sacrificio.
Supieron morir heroicamente.
Es que el poder está maldito y por eso soy anarquista.
Estaban allí de pie listos para el sacrificio (Bardos galos)
La proclamación de la Comuna fue espléndida; no era la fiesta del poder, sino la bomba del sacrificio: se notaba a los elegidos listos para la muerte.
La tarde del 28 de marzo, con un sol claro que recordaba el amanecer del 18 de marzo, el 7 de germinal del año 79 de la República, el pueblo de París, que el 26 había elegido su Comuna, inauguró su entrada en el Ayuntamiento.
En una poesía de Ogareff amigo de Bakunin (El estudiante), los jóvenes de ardiente y generoso corazón veían a uno de ellos viviendo de ciencia y humanidad a través de las luchas de la miseria.
Forzado por la venganza del zar y de los boyardos a la vida nómada, andaba desde el ocaso ala aurora gritando a los campesinos: ¡Agrupaos! ¡Alzaos!
Detenido por la policía imperial, murió en las heladas llanuras de Siberia, repitiendo hasta la saciedad que todo hombre debe dar su vida por la tierra y la libertad.
En el momento de los procesos de la Comuna, se llevaba a cabo en Rusia el proceso de los internacionales con las mismas crueldades inspiradas por el terror que tienen todos los déspotas a la verdad.
Se oyeron aclamaciones. Acababan de nombrar a Rochebrune general de la Guardia Nacional; pero él exclamó:
—¡La Comuna primero!
Entonces, un recién llegado se lanza a la tribuna, cuenta que el batallón 106 había liberado al gobierno, que el cartel es mentira, que la Defensa Nacional ha mentido, que más que nunca el plan de Trochu era el que regulaba la marcha y el orden de las derrotas y que París más que nunca, debía velar por sí misma más para no ser entregada. Gritamos: ¡Viva la Comuna!
Un hombre gordo que esperaba no se sabía qué en la plaza se mezcló con los guardias nacionales y trató de exponer su opinión: —Siempre hacen falta jefes, dice, siempre se necesita un gobierno que os dirija.
Debe ser un orador de la reacción, no tenemos otra cosa mejor que hacer que escucharle.
Sí. El cartel era mentira, el gobierno había mentido.
París no nombraba su Comuna.
Todos los que la víspera habían sido aclamados eran objeto de acusación.
Las noticias de las derrotas, el increíble misterio con que el gobierno había querido ocultarlas, la decisión de no rendirse nunca y la certidumbre de que la rendición se preparaba en secreto, causaron el efecto de una gélida corriente precipitándose en un volcán en combustión. Se respiraba fuego, humo ardiente.
París, que no quería ni rendirse ni ser entregado y que estaba harto de los embustes oficiales se alzó.
Entonces, del mismo modo que se gritaba el 4 de septiembre: ¡Viva la República!, se gritó el 31 de octubre: ¡Viva la Comuna!
Como los gobernantes que necesitan desviar a la opinión pública de ellos, el Imperio establecía a su alrededor un continuo rumor: complots, que él mismo trazaba; bombas puestas por auxiliares de la policía; escándalos; crímenes, oportunamente descubiertos, que desde hacía tiempo se conocían y se mantenían en reserva; todo esto abunda en ciertos finales de reinado.
No era difícil implicar a los más arrojados revolucionarios en algunas de estas maquinaciones. El policía que ofreciese proyectiles hubiese encontrado cien manos, no una, tendidas para recibirlos; pero las cosas propuestas así, por los soplones, nunca suceden oportunamente: los hilos mueven al títere, y llega un tiempo en que no hubiese estado de más un verdadero complot a cielo abierto, grande como Francia, como el mundo.
